“Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros”. 1Tes. 4,9-12
Volvemos a orar hoy con el espejo de la comunidad de Tesalónica, tal como la ve Pablo, su director espiritual. Parece que la expectación de la venida del Señor, llevaba a algunos a despreocuparse aún del trabajo de cada día y eso los desacreditaba ante los paganos y los llevaba a pasar necesidad. Sí, no eran perfectos. Eran humanos, como nosotros. Pero hoy nos vamos a detener en la manera como viven lo fundamental: el amor fraterno. Y nos encontramos con que el mismo Pablo reconoce que en este punto, él no es el maestro. Ha sido el mismo Dios quien les ha enseñado a amarse mutuamente, y ellos lo han aprendido y lo practican, no solo entre ellos sino también con las comunidades vecinas. Sí; sólo Dios es maestro en amar. Solo Él es capaz de amar incondicionalmente y a todos, todos, como decía Francisco. Pidamos hoy esa gracia de reconocer su amor, aprender de Él y practicarlo, empezando por nuestra comunidad, familia, vecindario.