SANTOS JOAQUÍN Y ANA, PADRES DE LA VIRGEN MARÍA. Mateo 13, 16-17
Jesús nos invita a permanecer siempre a la escucha de su Palabra, en el silencio de la oración, a acogerla con disponibilidad generosa y, a tener el profundo deseo de entregarle nuestra vida, tal como lo hizo su Madre.
De Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, podemos decir que vivía de la palabra de Dios, que hablaba con palabras de Dios, que sus pensamientos eran los pensamientos de Dios, ya que estaba penetrada, totalmente, de la Palabra de Dios, era Madre del Verbo de Dios hecho Hombre. María es, realmente, persona de escucha, conocedora, desde el corazón, de la Escritura. Estaba tan identificada con la Palabra, que en su corazón y en sus labios las palabras del Antiguo Testamento se transforman, sintetizadas, en el canto del Magníficat.