Sábado 19 de julio

Sábado 19 de julio

MIRAD A MI SIERVO, MI ELEGIDO. Mateo 12, 14-21

Cuando Jesús recorría los caminos de Galilea anunciando el reino de Dios y curando a muchos enfermos, sentía compasión de las muchedumbres.

El verdadero remedio para las heridas de nuestro mundo (sean heridas materiales, como el hambre y las injusticias, o sean psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar) es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su manantial en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para ganar posiciones de poder cada vez mayores, para asegurarnos el éxito humano a toda costa. También es necesario renunciar al estilo agresivo para adoptar una razonable actitud de mansedumbre.

La irritación de los fariseos había llegado a su extremo. No podían tolerar más que ese hombre, como lo llamaban despectivamente, siguiera diciendo las cosas que decía. Y en ello no podemos no encontrar el misterio de la soberbia humana que ante la hermosura de Dios es capaz de encerrarse y no ver lo que la inteligencia logra tocar tan claramente.

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