ÁNIMO HIJA, TU FE TE HA CURADO. Mateo 9, 18-26
El evangelio de hoy nos lleva a meditar dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero, de una mujer considerada impura por una hemorragia irregular, que padecía desde hacía doce años. El otro, a favor de una muchacha que acababa de fallecer. Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocara la sangre o un cadáver era considerada impura y quien la tocaba, quedaba impuro/a. Sangre y muerte ¡eran factores de exclusión! Por esto, esas dos mujeres eran personas marginadas, excluidas de la participación en comunidad. Quien las tocara, quedaría impuro/a, impedido/a de participar en la comunidad y no podía relacionarse con Dios. Para poder ser readmitida en la plena participación comunitaria, la persona tenía que pasar por el rito de la purificación, prescrito por las normas de la ley.
“La niña no está muerta, sino que duerme” ¿Estás durmiendo? Entonces, ¡despierta! Este es el mensaje del evangelio de hoy. ¿Qué me dice a mí?