“TU PADRE QUE VE EN LO ESCONDIDO, TE LO PAGARÁ”.
En este extenso Sermón de la Montaña, Jesús toca el tema de las prácticas religiosas de su pueblo. No las rechaza, pero como en toda su enseñanza, las lleva al plano del amor. Orar, ayunar, dar limosna… hacerlo sí, pero no por vanagloria o por costumbre establecida, sino para agradar al Padre Dios; hacerlo con la motivación del amor y la compasión por el hermano necesitado. La austeridad en la vida nos conduce a lo esencial, y a dejar por el camino todo aquello que estorba a la relación con el Señor y la respuesta que queremos dar a su amor. Nuestro actuar debe tener la mirada puesta en Él. Jesús, su vida y sus actitudes, habrán de ser la brújula que guíe nuestro caminar por la vida.