La Liturgia del Jueves Santo es la más comprometedora del ciclo pascual. Jesús nos deja un mandato que cobra todo su sentido en el contexto de la última cena donde lo proclamó Jesús. El Evangelio nos dice que Jesús, en aquel día crucial de su vida, “habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo”; y narra a continuación el lavatorio de los pies como un signo de purificación, pero sobre todo como un signo de amor y servicio humilde. Al terminar Jesús dice a los suyos: ¿”Entienden lo que he hecho con Uds”? ¿Entienden hasta qué punto los he amado y hasta donde llegó mi disposición a servir? Pues si yo he hecho esto con Uds. también Uds. deben llegar hasta lavarse los pies unos a otros; esto es lo que yo les mando: que se amen unos a otros como yo los he amado. En esto conocerán que son mis discípulos. El silencio puede ser la mejor respuesta a sus preguntas…