El evangelio hoy nos invita a hacernos conscientes de la pasividad a la que a menudo nos lleva la rutina de la vida, y a tomar con más ánimo y generosidad las riendas de nuestra vida. La llamada es a estar despiertos y vigilantes porque la pasividad nos lleva a adormilarnos, a vivir llevados por la corriente sin apenas darnos cuenta de que estamos dormidos. Jesús insistió muchas veces en la necesidad de estar vigilando como quien aguarda a alguien o es responsable de algo. Nos llama a vivir la fe en actitud atenta, discerniente, abierta a lo que Dios por su Espíritu nos va indicando en el día a día. Esta actitud es la que nos permite vivir con sentido, salir de nosotros mismos y estar atentos a los demás que nos necesitan. Sin duda lo más decisivo es vivir movidos por el amor, sólo quien ama permanece atento y disponible, sólo quien ama tiene en sí mismo el motivo para estar siempre despierto. ¿Qué fuerza tiene en nosotros ese motor que nos anima a vivir?