Es importante detenernos a mirar el contexto de este Evangelio. Jesús firme en su decisión de ir a Jerusalén, ya en camino, experimenta el primer rechazo, y los discípulos haciendo alarde de poder quieren hacer caer fuego del cielo para exterminar a los que así han obrado. Pero ya vemos la reacción de Jesús: no es esa la manera de afrontar un rechazo, hay otro fuego, el que Él ha venido a traer y es el del amor. El único fuego que puede arder sin quemar, el que puede purificar los corazones embotados por los prejuicios y hacer brotar un nuevo modo de relación. Cuánta necesidad tenemos hoy de mirar cómo está el fuego del amor en nuestro corazón, ese que Dios también infundió en Juana de Lestonnac cuando le dijo: “no dejes apagar el fuego que he encendido en tu corazón y te lleva con tanto ardor a servirme”. Que esa voz de Dios resuene también hoy en nuestro corazón.