“Padre Nuestro” Mateo 6, 14
La oración del Padre Nuestro tuvo una enorme importancia en la Iglesia primitiva y los primeros cristianos la recitaban con un gran respeto. Era, en primer lugar, oración que no se entregaba ni enseñaba a todos. Rezarla constituía un privilegio que sólo se otorgaba a los ya bautizados. Era lo último que se enseñaba a los catecúmenos, en la misma víspera de su bautismo.
No ocurre así con el creyente de hoy. El Padre Nuestro es la primera oración que aprendemos de niños y hemos terminado por no saber ni lo que supone, ni lo que encierra.
Jesús al enseñar a sus discípulos la oración del Padre Nuestro, los introduce en su mundo de intimidad y de relación personal con Dios, su Padre, que lo diferencia de los demás seres humanos
Cabe preguntarnos hoy: ¿Somos conscientes cuando oramos el Padre Nuestro? O ¿repetimos mecánicamente esta oración sin profundizar en su hondo contenido filial?