¿Quién es nuestra razón de ser?
Seguimos aprendiendo de los primeros testigos de la Resurrección de Jesús. El texto en sí mismo es claro y elocuente. En un cierto clima de respeto, de diálogo y escucha, Pedro y Juan se juegan la vida, por “enseñar en nombre de ese” y por señalar a los “responsables de la muerte de ese hombre”. Es que ya se lo habían prohibido y les habían dado una oportunidad… Pero estos hombres, sin otra luz ni otra fuerza que la del Espíritu, son capaces de priorizar el mandato de Jesús, de ser sus testigos en Jerusalén y hasta los confines del mundo. Es el proceso que lleva al martirio. Pero es también lo que se espera de todos los que nos llamamos seguidores de Jesús. Impulsados por el testimonio de Pedro y Juan, oremos hoy con la segunda prioridad del Capítulo:
Transparentar lo que nos hace vivir con sentido: ser luz
El Señor nos habla y nos llama a ser luz en medio del mundo (cfr. Mt 5,14-16), a remitir con nuestra vida y nuestra palabra, hacia Dios; a ser más explícitos en el anuncio de la Buena Noticia y en el compartir la propia espiritualidad y carisma; a mostrar con mayor nitidez: Quien es nuestra razón de ser.