“Si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt.5,26-26)
Si lo nuestro no es diferente, quedaremos en la mediocridad, en el montón que vive como si Dios no existiera, como si fuera un fantasma, como si los criterios fueran los del mundo, como si la ley fuera la del más fuerte…
A nosotros se nos tendría que diferenciar por la mansedumbre, por la misericordia, por la capacidad de amar, de servir, por vivir la vida de una manera cristiana, caminando y trabajando juntos por una iglesia sinodal, con caras felices llenas de amor, porque el amor viene desde el corazón y no tan solo de la piel o de la “química” o de sentirme bien con unas personas y rechazar las otras.
En este pasaje Jesús también nos habla de la ofrenda al altar. Si “te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti” …no nos dice que, si nosotros tenemos algo contra el hermano, sino que si alguien tiene queja contra nosotros… necesitamos primero, purificar nuestra conducta antes que pretender enderezar la vida de los demás. Y no podemos estar en paz con Dios a menos que lo estemos con nuestros semejantes.
Que Dios nos de fortaleza para ser cristianos de verdad o sea discípulos.