“Hablaba del Niño a todos lo que aguadaban la liberación” Lc. 2, 36-40
El evangelio de hoy nos presenta a una mujer, Ana la profetisa; se nos dice que era una viuda de 84 años y permanecía en el templo. Así como ella, podemos imaginarnos a muchas de las mujeres santas que hemos conocido en nuestra vida que se han dedicado a trabajar en la iglesia y para la Iglesia y que sostienen la comunidad de fe.
Ana es la única profetisa mencionada por su nombre en el Nuevo Testamento. Esta santa anciana era una mujer que, tras la muerte de su esposo, no se apartaba del templo. Adoraba, alababa con ayunos y oraciones cada día y cada noche. En el momento en que llega Jesús, comienza a alabar a Dios y a hablar del Niño «a todos los que esperaban la redención de Jerusalén»
Ella nos enseña qué es perseverar, confiar únicamente en Dios, dedicarse a la oración y al servicio, mantener la esperanza. La vida que ella vivió es una vida radical que nos hace una invitación radical a esperar pacientemente la bondad y misericordia Dios y cumplir fielmente su voluntad.
Que tu vida sea testimonio y profecía.