“Como el Padre me ha amado, así los he amado yo” Jn. 15, 9-17
¡Qué calidad de amor nos entrega Jesús! Es el amor recibido del Padre, el mismo con el que nos ama. ¿Puede haber amor más grande y profundo? Esto tiene que llenar nuestra vida de alegría. Experimentar el amor de otros: padres, pareja, amigos-as, hijos-as, es algo que equilibra y nos da seguridad ¿Qué puede hacer entonces en nosotros-as, el sentirnos amados-as nada menos que por Dios mismo? Centremos hoy la oración en reconocer el amor de Dios en nuestra vida. Cuántas cosas revelan su cuidado amoroso y su ternura. Tomemos conciencia, demos gracias y llenémonos de alegría. Con cuánta ternura nos mira, no somos un nombre más en una larga lista, nos ama con nombre propio y con todo lo que somos.