“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 13-35)
Volvemos al camino de Emaús. Cuando huimos desencantados porque las cosas no salieron como queríamos, Jesús nos alcanza en el camino. Al calor de su palabra compartida y del pan partido en comunidad, la vida recupera su sabor y su color. La fe no es para vivirla aislados; siempre nos empuja de regreso al abrazo de los hermanos. Hoy, ¿la frustración te ha alejado de los espacios que antes te daban alegría? Siente sus pasos pacientes a tu lado. ¿Cómo puedes abrir hoy tu corazón para que Él te devuelva la esperanza? Seamos también nosotros buena compañía para quien hoy camina triste.