“¿A mí me conocen, y conocen de dónde vengo?” Jn 7, 1-2. 10. 25-30.
Encontramos a Jesús moviéndose en un clima de tensión y sospecha. Muchos lo conocen, creen saber de dónde viene, pero justamente ese “saber” se convierte en obstáculo para reconocerlo de verdad. Confunden información con fe. El problema no es saber datos sobre Jesús, sino conocerlo internamente para más amarlo y seguirlo. Quien se encierra en sus certezas termina sin reconocer la presencia de Dios cuando pasa frente a él. ¿Creemos que ya conocemos a Jesús y por eso dejamos de escucharlo? ¿Nos abrimos a lo nuevo que Dios quiere hacer en nuestra vida? Seguir a Jesús exige una fe humilde, capaz de dejarse sorprender y de reconocer que Dios siempre es más grande que nuestros esquemas.