Entonces clamarás al Señor y él te responderá…Aquí estoy. (Is. 58, 1-9)
Hoy, el profeta Isaías pronuncia unas palabras duras. Señala dónde se encuentra la verdadera fe. Nuestras prácticas externas no significan nada si nuestro espíritu interior no está en consonancia con ellas. Podemos rezar para que el Señor cure alguna calamidad en nuestro país o cambie una situación política y económica injusta, y parece que no ocurre nada, por lo que nos quejamos, como los israelitas, de que Yahvé no nos presta atención. Estas palabras son de hace siglos, pero siguen siendo válidas. La Cuaresma debe ser un tiempo de verdadera conversión en el que la misericordia (desatar los yugos, compartir el pan con los hambrientos, dar cobijo a los oprimidos y vestir a los desnudos) sea parte integral de nuestra oración y ayuno. Isaías termina con alentadoras palabras: “el Señor responderá: «¡Aquí estoy!».