Domingo, 16 de noviembre

Domingo, 16 de noviembre

“Con su perseverancia salvarán sus vidas” Lc 21. 5-19

En la última visita de Jesús a Jerusalén, algunos de los que lo acompañaban se admiraban al contemplar la “belleza del templo”. Jesús, por el contrario, sintió algo muy diferente. Sus ojos de profeta vieron el templo de manera más profunda; en aquel lugar grandioso no se está acogiendo el Reino de Dios, por eso Jesús lo da por acabado: “Esto que contemplan llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra, todo será destruido”. Jesús llora no por el templo, sino por una ciudad que no se abre al Reino de Dios. Sus lágrimas son la solidaridad con el sufrimiento de su pueblo, su crítica radical es por un sistema religioso que obstaculiza la visita de Dios. (Pagola). Seguramente hoy vuelve a llorar por tanto dolor y muerte ante la injusticia de poderes alejados de Él, que justifican genocidios, que socaban la vida de los pueblos.

¿Qué podemos aportar desde una Iglesia Sinodal, al clamor de los pueblos oprimidos?

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