A través de la parábola que Jesús cuenta hoy, nos invita a ponderar cómo es nuestra fidelidad y capacidad de riesgo en nuestra vida, con los talentos que hemos recibido gratuitamente. En la parábola, el rey llama a diez de sus criados y a cada uno le entrega una suma de dinero con el encargo: “Negocien este dinero hasta que yo vuelva”. Cuando nos dicen negocien; el primer pensamiento que se nos viene a la mente es cómo sacar provecho, tanto para el dueño del capital, como para quien es el intermediario de la inversión. Los criados de acuerdo con sus posibilidades y capacidad de riesgo, buscaron la forma de que el capital recibido se multiplicara, pero uno de ellos sintió tanto miedo de perder, que decidió guardarlo, sin tener ningún tipo de riesgo. Cada uno de nosotros ha recibido algún talento representado en la habilidad de saber hacer algo. La pregunta que nos hace el relato es: ¿Cómo están nuestros talentos?, ¿hay una multiplicación hacia los demás, los comparto? o ¿se han quedado estáticos y guardados?