“Al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él”. Jn 11, 45-57.
Después del signo de la resurrección de Lázaro, el evangelio nos muestra dos reacciones opuestas: algunos creen en Jesús al ver lo que había hecho con Lázaro, otros, en cambio, deciden eliminarlo. El milagro que da vida se convierte, paradójicamente, en el motivo para planear la muerte. El problema no es Jesús, sino lo que su presencia provoca. Caifás, sin saberlo, enuncia una profecía: “Conviene que muera uno solo por el pueblo”. En su lógica política es un cálculo frío; en el Plan de Dios, es anuncio de una entrega que traerá salvación. Creer en Jesús implica aceptar cambios, renuncias, incluso riesgos. A veces, como los dirigentes, preferimos “conservar la paz” sacrificando la verdad. ¿Qué hacemos cuando Jesús trastoca nuestros esquemas?