Domingo 17 de agosto

Domingo 17 de agosto

La vida cristiana, como la humana, es una lucha constante. Lc.12,49-53

Jesús hablaba a veces con frases enigmáticas, para sus oyentes y también para nosotros. No es fácil descifrarlas en todo su misterio. El fuego del que habla, no es el fuego destructor, sino el que purifica. El Bautismo de que habla, era el de sumergirse en las aguas de las terribles pruebas… esas que veía venir para Él…   Y ya había advertido que no nos daba la paz como la da el mundo… ¿Qué paz buscamos nosotros? Cuando decimos “que me dejen en paz”, ¿estamos manifestando una actitud pasiva que indicaría que no tenemos ningún interés en meternos en problemas? Esto sería huir de la vida misma, porque la vida es lucha, lo sabemos muy bien. La paz de Jesús sería la armonía interna, que solo se puede conseguir cuando somos lo que tenemos que ser: hombres y mujeres para Dios y para los demás. Eso es ser auténticos. Luchar contra las partes de mi ser que me llevan al egoísmo, es una tarea importante para el ser humano y algo que debemos pedir en la oración.

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