“Alégrate María, llena de gracia”. Lc.1,39-56
No podemos entender la Asunción de María, de una manera física. Con la imagen de la Asunción en cuerpo y alma, se quiere decir que María ya alcanzó la plenitud, identificándose con Dios totalmente.
En esta fiesta de la Asunción de María, una anécdota, por si sirve. Alguien que estaba haciendo Ejercicios Espirituales, se acercó en algún momento a un coloquio con María, para compartirle lo que estaba gustando de Dios y su obra en ella. Y entonces se le ocurrió la idea de que, en la espiritualidad cristiana, María es como “el postre”. Eso que completa un banquete compartido en una fiesta. Y bueno, cuando celebramos la Asunción de María al cielo, es como si Dios se hubiera dado el gusto de tener ya con Él, en su eternidad, una criatura que El colmó de gracia y que le respondió con todo su ser. Así nosotros sabemos que la creación de Dios llegó a su consumación en una, que es La Mujer Nueva. Honrémosla hoy a Ella que es para nosotras, “presencia inspiradora” de lo que estamos llamadas a ser como seguidoras de Jesús.