Mandó a la gente que se sentara en el césped. Mt.14,13-21
Nunca está de más repetir: Jesús es un ser humano. Necesita hacer el duelo por la muerte de Juan, más que su primo, su mentor; el que, con su Bautismo, le ganó la gracia de ser confirmado en su misión. ¿Cuánto tiempo logró estar en soledad? No sabemos. Lo que dice el Evangelio es que le pudo más la compasión hacia la gente que lo buscaba y se puso a atenderlos, enseñarles, escucharlos… Y como el tiempo pasa, los discípulos le advierten que la gente tendrá hambre. El milagro que siguió no fue solo para saciar el hambre y restaurar las fuerzas del cuerpo. Fue una comida sentados por grupos en el césped; comida de plena humanidad. Así fueron todas las comidas de Jesús, comidas compartidas. Y eso es el sentido de la Eucaristía. El pan de la Eucaristía que congrega en una misma mesa a hermanos y hermanas, debe llevarnos a crecer en relaciones cálidas, humanas, atentas a la necesidad de compromiso con la calidad de vida de quienes nos rodean. Nosotros, ¿“vamos a Misa”, como un acto religioso… o “celebramos la Eucaristía” y luego la prolongamos “en relaciones Eucarísticas”?… A considerarlo en oración.