Mt. 5,13-16 “Vosotros sois la sal de la tierra.”
Puede ser que nos guste más pensar que somos luz del mundo y dejemos de lado esa otra sentencia de Jesús que nos exhorta hoy a ser sal de la tierra. En una sociedad sobresaturada de ofertas para sacarle partido a la vida y disfrutarla, esa sentencia nos llama a preguntarnos: ¿será que todo eso que se nos ofrece hoy, y cada día mayor novedad, nos hace saborear y disfrutar realmente la vida? ¿No será que esa abundancia se está volviendo sosa y está produciendo más bien un cansancio que aburre y agota? Jesús en esa frase pronunciada al final de las bienaventuranzas nos está diciendo algo que nos tiene que sacudir: vosotros sois la sal de la tierra, vosotros a los que he llamado bienaventurados, tenéis que mostrar con vuestra vida en qué consiste la verdadera felicidad y cómo cuando se la descubre es como un pozo inagotable.